Para hallar una pepita de oro es necesario, deseo, empeño y constancia. Así, entre la arenisca y la transparencia del agua, algo brilla, y casi sin darnos cuenta nos vemos sujetando en la palma de nuestra mano una diminuta pepita de oro. Del mismo modo, podemos extraer de una conversación un manojo de palabras que trascienden el tiempo y el espacio impactando por sorpresa en nuestro corazón.

Escucha más audios